Tras años debatiendo alrededor del concepto de «transformación digital», muchos se preguntan cuál es el siguiente paso. La velocidad de la innovación lleva a que tengamos que dejar de hablar de conceptos como el de la transformación digital o nuevas tecnologías para pasar a hablar de cuestiones más ligadas a la democratización del dato y las compañías Data Driven.

Una empresa data driven —o Data Driven Company (DDC)— será aquella que haya pasado por una verdadera transformación cultural basada en integrar la inteligencia de datos en el núcleo de sus actividades. De esta manera, se trata de empresas basadas en la información, en las que los datos son base para la toma de decisiones.

En un entorno incierto y volátil como en el que las empresas desarrollan actualmente su actividad, la adaptabilidad es uno de los valores más relevantes para conservar la competitividad, y más si se construye desde la cultura empresarial. Los recursos tecnológicos serán sin duda una de las claves del progreso para cualquier compañía, pero en ningún caso serán suficientes para lograr los objetivos.

La empresa data driven o DDC, por lo general, cuentan con herramientas que permiten gestionar, tratar y consultar la información en tiempo real. Así, gran parte de su plantilla está preparada para la toma de decisiones a través de una profunda actividad analítica. La comunicación entre las diferentes partes de la compañía es clave: las estructuras jerárquicas son más horizontales para asegurar la omnidireccionalidad de la información. Para que una compañía esté realmente basada en el dato, es imprescindible que, además de este flujo de información en todas direcciones, el total de los empleados conozca los KPIs establecidos para la medición continua de todas sus actividades.

En definitiva, la compañía data driven ha de apostar de manera muy firme por la democratización del dato: la puesta a disposición de toda la compañía de los datos que son propiedad de la misma. Esta democratización o carácter abierto de los datos conlleva una serie de beneficios entre los que se encuentran las características anteriormente mencionadas —horizontalidad en las estructuras, cultura del dato, etc.—, así como otras tan relevantes como el conocimiento continuo del propósito del trabajo por parte del empleado o el fomento de la proactividad, en tanto que el individuo podrá generar valor y proponer nuevas ideas y proyectos basados en el conocimiento a su alcance.